Se formó en los años 50 cuando el gobierno creó unos programas de vivienda en el que decidió que todos los niños tenían que ir al colegio a la edad de 5 años. Su lema era "manden a los niños al colegio y los padres vendrán detrás de ellos".
Es cuando el director de Atanarjuat, Zacharias Kunuk, empezó a ir a la escuela y donde aprendió inglés, pues no se permitía hablar en su lengua natal. Él ha vivido lo que relata y no hay mejor escuela que la cultura popular, más si cabe cuando esa cultura se ha detenido en el tiempo haciendo peaje a las nuevas tecnologías; donde no existen dioses y sí creencias ancestrales.
El idioma empleado para la cinta es el Inuktitut, un lenguaje empleado principalmente por los esquimales. En un principio el gobierno Canadiense únicamente otorgaba becas a películas en lengua inglesa o francesa pero gracias al tesón del equipo consiguieron cambiar esa ley obteniendo un presupuesto de 2 millones de dólares con el que produjeron su proyecto.
No se han empleado actores profesionales, pues para darle el mayor realismo posible han escogido haciendo selección entre habitantes nativos. De ahí que también se pueda comparar con un documental: se enseña la vida y cultura de esas poblaciones nómadas y encima lo hacen a través de personas que viven así. La caza como supervivencia, jefes de tribu, chamanes sabios a los que hay que escuchar y seguir sus visiones...
A diferencia de otros largometrajes, el empleo de la música se ofrece a cuentagotas, eligiendo su momento cuando algo esta a punto de ocurrir. Hay un instrumento de viento que sobresale al resto que emite un sonido ronco y grave:
el didgeridoo. No se ha elegido en vano, pues también se le conoce como
Yidaki en la lengua aborigen, que significa instrumento de conexión espiritual.
No nos encontramos con muchos personajes principales pues la historia se basa en dos familias dentro de una misma tribu que se ven confrontadas desde años atrás, allá cuando los espíritus malignos invaden el cuerpo creando una maldición. Así pues, tendremos a los hermanos Atanarjuat (el hombre veloz) y Amaqjuaq (el fuerte) por un lado mientras que por el otro estará el jefe de la tribu Sauri y a su primogénito Oki. Entre medio habrá cabida para el chamán Tungajuaq, un hombre con aspecto extraño pero suave que puede transformar sus rasgos en pura maldad, y para Atuat (una mujer bella, inteligente y perseverante).
La cinta transcurre alejada del ruido y la cámara enmudece maravillada ante el paisaje que ofrece el ártico Canadiense, que por otra parte, puso serias dificultades a los técnicos para poder rodarla en condiciones tan extremas de frío.
Al ser un modo de vida ancestral, se podría decir que Atanarjuat la leyenda del hombre veloz es atemporal ya que generación tras generación delegan las costumbres, creencias y forma de vida a sus descendientes.
Es una lástima que pese a haberse estrenado en el año 2002 en Canadá se tenga que esperar 7 largos años para llegar a ver esta pequeña obra maestra en nuestro país. Al final todo es dinero y esta claro que este tipo de cine independiente lo tiene muy crudo para financiarse. De todas formas, siempre habrá gente con ideas que las quieran llevar a cabo y es imposible que desaparezca.
Veremos un mensaje positivo en el largometraje, confrontando la violencia con la palabra, los espíritus con la honradez.
En la cultura Inuit, el perdón es de valientes, la venganza de cobardes.
Deberíamos luchar porque así fuera en cada rincón del planeta.