
Público, por conocido y difundido hasta el hartazgo, es el hilo conductor de Thirst: el vampirismo, en el que todos los medios parecen haber fijado su atención, obsesivamente. Una de vampiros, sí –dicen-, pero una visión particular del vampirismo –afirman a continuación-. De esta guisa, y a grandes rasgos, la película cuenta la historia de un sacerdote católico coreano, piadoso y entregado a su labor humanitaria con enfermos infecciosos en un hospital. En un arriesgado acto de fe, se presta como conejillo de indias para probar una vacuna en África y contribuir en la cura de una enfermedad infecciosa mortal. Las cosas van mal y sucumbe igual que los demás voluntarios. En un desesperado intento de salvarlo, es curado milagrosamente por una transfusión de sangre que altera profundamente su propia biología. La noticia del milagro atrae a peregrinos que esperan beneficiarse de su gracia. Entre ellos, el joven sacerdote Sang-hyun (Song Kang-ho) encuentra a la madre de un conocido de la infancia, y a su esposa Tae-joo (Kim Ok-bin). Es irremediablemente atraído por la joven..., así como arrastrado por un apetito extraño e irrefrenable por la sangre. Para su horror y vergüenza, se ha convertido en vampiro.
Esta adicción, y como nos la cuenta el director, es lo que nos interesa.
El método por el cual el sacerdote renace como vampiro parece posible. Y aquí Park Chan-wook
comienza a indicarnos el camino que ha elegido para su película, marcando claras distancias con la iconografía clásica que suele barnizar el género: no hay exhibición de colmillos, nada de cruces ni ajos que repelan a la criatura maligna...De hecho Park, transforma claramente una de las claves básicas de las películas de vampiros otorgándole al suyo una identidad religiosa, la de un sacerdote. He ahí la primera pista que dará el director al espectador: El antagonista, el oponente, es uno mismo. En la propuesta vampírica de Park la adicción no te hace malo sino que potencia tu carácter esencial como humano: eres quien eras pero supeditado a una nueva necesidad básica de supervivencia, ineludible, que puede ponerte a prueba.
Mientras que en sus películas anteriores el protagonista tenía que lidiar con emociones como la rabia, tratando de corregir un error que había provocado un tercero, en Thirst (Sed), Park Chan-wook plantea un conflicto interno donde la emoción a dominar es la tentación (aquí, simbólicamente, la adicción por la sangre) que nace de uno mismo, incluso en contra de tu naturaleza. Esta es una película que tiene que ver con una necesidad más realista que la venganza, elemento recurrente en su filmografía. Sin embargo, La lucha del protagonista para llegar a un acuerdo con esta necesidad física también constituye un vínculo temático con sus anteriores películas. Sea una historia de venganza o de esta última película, todos los personajes hacen algo cuestionable y, a continuación, a fin de salvar el sentimiento de culpa, luchan por la redención. Aquí es donde radica la tragedia de Sang-Hyun. Tratar de reconciliar sus valores morales y su fe, como hombre y sacerdote, con la nueva identidad como vampiro. El leit motiv del film está servido.
Cuando el sacerdote Sang-Hyun parece haber encontrado medios alternativos para manejar el problema, aparecerá Tae-joo, la esposa del conocido de la infancia. Representa la tentación –ésta, real-, el detonante de una parte de él mismo que desconocía y cuestiona todo control. La mano está servida y Park-Chan-wook, finalmente, ha mostrado sus cartas.
La idea no deja de ser interesante: un sacerdote que se convierte en vampiro en una suerte de " morte amoureuse", intensifica el objetivo del director, pero a diferencia de la historia, no se convierte en un vampiro por una mujer, élla es el detonante a partir del cual se gesta el verdadero vampiro latente en él. Su amor fou es una montaña rusa emocionante, tempestuosa, violenta y sexualmente atrevida. Sus escenas de amor, en especial la del hospital, están entre las escenas más bellas y extrañamente eróticas filmadas jamás. Una especie de poesía mórbida de cuerpos en fusión. Un armisticio que no tarda en romperse.
La evolución de Tae-joo de víctima pasiva a compañera sexual salvaje y a vampiro auténtico, es inevitable, gracias al trabajo de la actriz Kim Ok-vin, y es, también, la interpretación más interesante del film. Pero en ese preciso momento, el leit motiv de Thirst empieza a tambalearse. El principal problema con Thirst (Sed), incluso más allá de su metraje demasiado largo y la arritmia narrativa de la que adolece, en un presunto intento de plasmar la tensión y el conflicto original, es que nunca hay ninguna lucha interna real evidente en el carácter del sacerdote, que sucumbe con facilidad al pecado -con demasiada facilidad-. Esa superficialidad se extiende a casi todo lo demás -ya que hay muy poco en juego para nadie, es muy difícil prestar atención a cualquiera de los personajes secundarios que dan la réplica al protagonista-.

La debilidad de la película, es la historia misma. Los primeros 40 minutos son perfectos en cuanto a configuración y desarrollo del argumento. Sin embargo, los ejes argumentales que presenta Park en un principio se subestiman en el resto. La culpa principal se trivializa, recayendo en la mujer, Tae-joo, toda responsabilidad. Desaparece todo subtexto.
La historia tiene giros y cambios de ritmo totalmente inesperados –cierto-, que deja a los espectadores un ¿poco? confundidos y una especie de sensación de vulnerabilidad –cierto-. Algunas de las escenas, son memorables –de nuevo, cierto- con un sentido del humor mordaz irresistible y una patina de sensualidad irreverente, francamente atractiva. Pero uno no deja de tener la certidumbre de estar asistiendo al naufragio de un argumento desarbolado, en el que se han improvisado una sucesión de películas cortas; una amalgama grotesca donde conviven, en desequilibrio, la parodia triste, la comedia romántica, a veces histriónica, y un drama sin deshuesar. Eso sí, regada generosamente con litros de hemoglobina.
La decepción resulta inevitable. Thirst (Sed) es una película estéticamente elegante pero vacía, donde gobierna la forma en detrimento del contenido prometido; la anarquía de los sentidos al servicio de brillantes momentos de violencia y sexo con entreactos contemplativos.
Lo mejor: Se deja ver. Me quedé tan mudo de asombro como la suegra de Tae-joo, testigo mudo de la traca final.
Lo peor: Mi decepción, tan indefinida como el género de la película y su argumento.
Puntuación: 3 sobre 5; siendo, esta vez, pródigo y generoso.
Acabé sediento, y ansioso de ver una buena película.
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