
Un día, Oscar se mete en otro lío en la escuela, y le “sugieren” a Rose que ingrese a éste en un colegio privado, ya que ellos se ven desbordados por la compleja imaginación del niño. Rose no tiene dinero para pagar la educación de su hijo, por lo que el padre del chico, que es policía, le sugiere a Rose que monte un negocio de limpieza de escenas de crímenes, tarea que emprende junto a su hermana Norah.
En primer lugar, no pongo el trailer porque cuenta absolutamente toda la trama principal, unos cuantos gags, y ¡la última escena de la película! Cierto que en el trailer no se nota, pero cuando ves el film entero, te da bastante rabia.

La película es bastante tierna, no es tan dramática como pueda parecer, los personajes crean mucha empatía y los actores están estupendos.
Amy Adams sigue tan mona como siempre, sin salirse de un papel tan fácil de victimizar y al que dota de mucha autenticidad.
Alan Arkin muy interesante, como siempre. Jason Spevack borda el papel de niño con exceso de imaginación, haciéndolo adorable y humano, no como la mayoría de esos personajes que parecen robots sabios dentro de niños.

Emily Blunt está correcta en un papel, a mi juicio, bastante tópico y mal construido, pues es la típica hermana menor desastre de la que siempre cuida la hermana responsable. Con algún tatuaje, tendencias bisexuales no aclaradas, y el toque definitivo de toda chica descarriada: mechones azules. Lo justo para ser rebelde pero no parecer una tirada. Podría haber resultado si dieran alguna indicación de cómo es ella realmente, más allá de las acciones que lleva a cabo para distanciarse de la gente.
También eché en falta algo más del entrañable pretendiente de Rose, el manco que lleva la tienda en la que las hermanas se aprovisionan de los materiales que necesitan para cargar su furgoneta, Clifton Collins Jr (Truman Capote).
Por lo demás, entretenida (y breve) historia que puestos a buscar algún parecido con “Pequeña miss sunshine”, (los productores son los mismos) yo diría que es la obsesión de los americanos con ser “ganadores” y que cuando son capaces de desprenderse de tan obsesiva etiqueta, empiezan de verdad a alcanzar sus objetivos, o por lo menos, intentar alcanzarlos.