Jim Carrey sigue haciendo las muecas que tan famoso le han hecho, pero rebajando el tono y construyendo un personaje entrañable y canalla, que no puede evitar ser un mentiroso, incluso con su amado Phillip.
La pareja protagonista es sinceramente adorable, va más allá del cliché y no cae en el morbo fácil de ver a dos actores hetero de toda la vida, haciendo de locazas. La historia podría ser igual si fueran un hombre y una mujer, aunque saben sacarle partido a algún chiste homosexual, especialmente en las escenas de la cárcel. Y sobre todo da gusto ver películas en las que los personajes homosexuales hacen algo más que salir del armario, que parece (según el cine) que es lo único que les pasa a dichas personas.

La ex-mujer, Debbie, da bastante juego junto con Jimmy, y el resto de personajes tiene apenas relevancia, dejando todo el peso a los dos protagonistas, que para algo es una comedia y con actores conocidos.
Saber que Steven Russell existió, y que se fugó cuatro veces de la cárcel de formas no violentas, y que hizo lo imposible por seguir al lado de Phillip, te hace creer algo más en esta increíble y a ratos satírica película.
A destacar, la escena en la que bailan románticamente en la cárcel, llena de química y naturalidad, en la que es imposible no soltar un: ohhhh.

Ewan McGregor lo borda y aunque no sea un film memorable, da muy buen rollo, cosa que nunca viene mal.
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