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Una pesadilla real: Enterrado (Buried, 2010) es una película ‘de acción’ que transcurre, por completo, en el reducido habitáculo de un ataúd de madera, forrado con una metáfora de la soledad paradójica del hombre moderno. Con un gran Ryan Reynolds, como Paul Conroy, desconocido y reinventado, enterrado vivo; el peor de los destinos que uno pueda imaginar. No es para menos: Pensemos por un momento la secuencia de horrores que atraviesa la infortunada victima de un entierro prematuro, accidental o puesto ahí a propósito –esto no es importante-. Primero, un extraño despertar sumido en la oscuridad total y sintiendo el olor de la tierra húmeda. Luego, la gradual comprensión de lo que esta sucediendo. A continuación, la angustia, el pánico absoluto, el pedido de auxilio desesperado e inútil, las manos golpeando y arañando la madera. Finalmente, la mas cruel de la muertes, una asfixia lenta en la soledad mas absoluta…
La historia: Abre los ojos. Estás confinado en un espacio cerrado, bajo una tonelada de tierra iraquí, con 90 minutos de oxígeno y un teléfono móvil con apenas media carga de bateria, y una disminución del suministro de aire que será tu peor enemigo en una carrera contra el tiempo; la lucha contra el pánico, la desesperación y el delirio-. Quizás el argumento más simple de los que servidor pueda recordar.
Tal es el destino de Paul Conroy, contratista estadounidense secuestrado y encerrado en una caja. El reloj no se detiene y cada segundo que pasa lo acerca, ¿irremediablemente?, a una muerte segura.

Ésta es, sin duda, incluso para los no claustrofóbicos, la peor pesadilla imaginable: ser enterrado vivo. Esta situación insostenible rara vez se ha desarrollado en una película, excepto, por supuesto, en Kill Bill 2, con la famosa escena en la que Uma Thurman consigue ‘escapar’ de un ataúd de madera vieja -o, tal vez, el precedente cinematográfico de Roger Corman, El entierro prematuro (Premature burial, 1962) protagonizado por Ray Milland como el hombre de fortuna que convive con los temores mas oscuros de quien imagina el peor de los finales: La muerte a destiempo, en la hermética bóveda familiar-. Este ataúd se parece mucho al de Buried, donde yace el actor Ryan Reynolds (Paul Conroy). Es una apuesta segura que el talentoso Rodrigo Cortés tomó como punto de partida para desarrollar toda su historia, escena que en Tarantino resulta tremenda pero anecdótica. Estamos atrapados con Reynolds durante 90 minutos, en tiempo casi real, con la sensación de asistir a una experiencia cinematográfica única. Insistiré en el término ‘película’, porque hay que señalar que se trata de ese tipo de experiencia cinematográfica cuyo visionado requiere, en mi opinión, estar en una sala de cine para apreciar su verdadero valor; el silencio de la sala, la complicidad de un espacio sumido en la más absoluta oscuridad y el negro de la pantalla, frente a nosotros, con mortecinos atisbos de luz, son los principales activos para disfrutar completamente de su proyección, difíciles de recrear en nuestra propia casa. Sin embargo, confesaré que me asaltaron dos dudas antes de ver la película: 1) ¿Puede una película que transcurre íntegramente en el interior de una caja de madera (de un largo/ancho máximo 2,10 m x 0.70), mantener el interés argumental?, y 2) ¿Ryan Reynolds tiene suficiente calidad como actor para desempeñar eficazmente toda una película, cuando es, literalmente, el único actor que podremos ver en los 90 minutos?
Buried - Enterrado. Trailer Oficial
Por sorprendente que pueda parecer, este Enterrado es una película ‘de acción’, aunque a pequeña escala, pero una película de acción al fin y al cabo, con su dosis de suspense e intriga, y cuyos elementos principales son un lápiz, un mechero y un teléfono móvil, mcguffins esenciales para hacer posible el filme. Cada movimiento del protagonista es un calvario, cada bocanada de aire nos quema la garganta y todas las llamadas de teléfono, su única conexión con el mundo exterior, nos mantienen en vilo. Por desgracia para él, pero afortunadamente para nosotros, que no se perciba el paso del tiempo -tictac-tictac-tictac-, es una verdadera proeza, así como un espléndido y cuidadoso trabajo de ingeniería del guión, obra de Chris Sparling. Lo bueno de la historia de Sparling es que justo cuando crees que es prácticamente el final de Paul Conroy, siempre hay algo más en juego que puede o no alimentar alguna esperanza, aunque luego sucede algo más que hace que esa esperanza se desvanezca, para luego, de nuevo, burlarse el guionista con un nuevo giro que la resucita. Pura y genuína angustia. La historia se mete con nuestro deseo y la frustración de querer ver a Paul Conroy salir de esta situación con vida. Historia llena de quiebros y vueltas que, de forma intensa y real, nos dejará boquiabiertos. Créanme, no es fácil insuflar de vida una película con la escasa colaboración de un Zippo o de una linterna (Eduard Grau, fotografía), o con los únicos sonidos que puedan tener cabida en el interior de una caja de madera. El trabajo en la iluminación y, sobre todo el sonido, es absolutamente notable. La música, inspirada en gran medida en la obra de Bernard Hermann, sin ser brillante es despiadadamente eficiente (Victor Reyes, música). En su género, nos remite al Hitchcock más perverso y diabólico que podamos recordar.

Sin embargo, esta cinta no se basa únicamente en la formulación de una ecuación en la que el mínimo de efectos equivale a la máxima eficacia. También se nutre de una ligera pero pertinente reflexión, sobre la soledad, la incomprensión y la incapacidad de los seres humanos para comunicarse, a pesar del uso de herramientas tecnológicas que, supuestamente, sirven para contactar con nuestros congéneres. Puede que Paul, el protagonista de este ¿drama?, esté enterrado en algún lugar del desierto iraquí, pero todavía tiene la oportunidad de hablar por teléfono con algunas personas e instituciones que podrían salvarlo. Esto no quiere decir que se las arregle bien para hacerse entender y obtener ayuda. Filme kafkiano, cínico y con elevadas dosis de mala uva, a veces, tal vez un poco excesiva, pero muy sabrosa; ¿O pedir a una persona en peligro de muerte su número de la Seguridad Social no es un buen ejemplo de ello?. Algunos pueden ver, probablemente, en este relato, si arañan lo suficiente en su epidermis, una parábola sobre la deshumanización del teléfono móvil u otros medios de comunicación on-line –¿ayuda on-line, por ejemplo? La provocación está servida.
Suena como un proyecto imposible: Convertir una simple serie de llamadas telefónicas, mientras se centra la atención en una sola persona en un espacio minúsculo, en una película viable. Por ello, el director Rodrigo Cortés y el guionista Chris Sparling deben ser elogiados, porque Enterrado es un éxito a todos los niveles.
En primer lugar, sin embargo, está la cuestión del mismo Ryan Reynolds. No es un actor que pueda distinguirse por sus registros interpretativos, a juzgar por su filmografía anterior, en clave de comedia. Buried va a cambiar esa percepción, porque su valiente interpretación de Paul Conroy es casi perfecta. Su nivel de desesperación, servida progresivamente ‘in crescendo’, es tan terrible que hay momentos en que el mismo espectador casi pueda sentirse sin aliento. Reynolds abandona todas sus sonrisas deslumbrantes a favor de la interpretación de un hombre que está completamente arruinado por el terror, la rabia impotente y la frustración; grita su miseria con palabras o en silencio, tratando de reordenar sus pensamientos con claridad y comunicar, lo mejor que puede, su terrible situación a las voces que lo escuchan al otro lado del teléfono. Reynolds vende Paul Conroy, maravillosamente.

Todo esto apoyado por el excelente trabajo de cámara de Rodrigo Cortés, que presenta un conjunto completo de desafíos para un director, aquí también editor. Mantener toda la atención de una película en una caja de, aproximadamente, 2,10 de largo por 0,70 metros presenta un acertijo complejo, pero Cortés ejecuta la película con un estilo y destreza visual envidiable, incluso para esta época, con todos los recursos tecnológicos y trucos FX disponibles (la escena de los 360 grados es ¡magnífica!). Debido a que Paul está en constante movimiento, retorciéndose y girando sobre sí mismo, mientras se trabaja en su dilema, las cámaras no son fijas, sino que se mueven de manera fluida alrededor de la caja. Un ‘pastoreo’ alrededor de su mugrienta y forzada celda, asfixiante, dando al espectador, con el movimiento de cámara, un completo reconocimiento de todas las grietas y piedras del ataúd. Al mismo tiempo, hay momentos de silencio doloroso, acentuado por la oscuridad total y absoluta, que proporcionan un elemento de tensión visceral, de nuevo asfixiante, servidos con la moderación suficiente para complementar la luz parpadeante que mantiene el vínculo de algunos sentidos de Paul, y del espectador, con su frágil cordura.
En cuanto a la propia historia, baste decir que contiene un nivel de profundidad e inteligencia que yo no esperaba. Profundizar en los elementos políticos más retorcidos y oscuros, así como tocar algunas cuestiones éticas de la naturaleza humana sorprenden y enriquecen la película, manejando con habilidad una crítica sutil como lo que emana de la propia historia.
Enterrado (Buried) es, sin duda, un rara avis cinematográfico fascinante. Maneja un argumento inusual y lo transmite con una historia profunda y compleja, una tarea de enormes proporciones, dadas las limitaciones de recursos con que el director y guionista contaban para su realización. Sin embargo, tan impresionante es la interpretación de Reynolds en escena como la dirección innovadora de Rodrigo Cortés, igualmente notable, materializando en Enterrado ese ‘algo’ que tan desesperadamente hace falta en el cine contemporáneo: una elaborada y bien resuelta película, con el ‘original’ como marca de fábrica.
La psicología moderna considera la emoción como una reacción de emergencia, de acuerdo a esto, la persona reacciona con emoción cuando existe una amenaza a su yo o a su supervivencia, por lo tanto, todos los cambios fisiológicos concomitantes a la emoción se producen para preparar al organismo a luchar contra la amenaza o a huir. Pero, en este caso, huir ¿hacia dónde?
Enterrado es, en este caso, un excelente discurso cinematográfico de emociones primarias, de supervivencia y, por esta razón, un filme esclavo de sus propias limitaciones. Nunca será un ejemplo de alta cinematografía, de obra maestra, porque no puede serlo. Le falta complejidad. Pero este defecto de forma, facturado aquí a propósito, no impedirá que este Enterrado sea recordado como un magnífico y completo artificio de ilusión, inteligente, emocionante y entretenido como pocos. Porque ¿acaso no es eso, la magia del cine?
Totalmente recomendable: Poe se habría sentido fascinado. Claustrofóbicos abstenerse.
Calificación: 4 sobre 5 (un 8 sobre 10)
Buried - Enterrado, de Rodrigo Cortés (Trailer Oficial 2)
Comentarios
En este caso, comentarios alentadores que constituyen el pleno para cualquier artículo. Creedme, me satisface haber acertado en vuestro caso y, aunque no fuera el caso, se agradecen siempre.
Una crítica es, en definitiva, un cúmulo de sensaciones de otro espectador que ama el cine e invierte con pasión, y tesón, un relato inventado de una ficción superior, el filme.
¿La Fórmula? Mucho trabajo, ojo 'gastado' de ver películas, espíritu inquieto, naturaleza analítica y ganas de escribir, con corrección y, si se consigue, estilo propio.
Gracias a los dos, Borja y Claudio José, por expresarme vuestra opinión. Así, la crítica tiene más vida y no quedará 'enterrada'.
Por cierto, respecto a Buried mis impresiones no pueden estar más en consonancia con las vuestras.
Salud!
En resumen,el menda vió y disfrutó,a pesar de lo angustioso del argumento.Me ventilé el escepticismo y,tengo de reconocer,admir é la realización y cada uno de los planos que transpira.Nota alta para su director R.Cortés y para el Ryan Reynolds ese, que asume la responsabilidad de un guión impresionante,s in casi fisuras.
Entiendo que no serà plato de gusto para todo el mundo,pero también que es una peli original,estupe ndamente realizada y disfrutable de pé a pá.
Y acabando,felici tar a Miquel,que como quien no quiere la cosa se ha convertido en uno de los mejores redactores de crítica que yo pueda leer,aquí y en el Pernambuco más alejao de la red.Y sigue,inalterab le,el tio.
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