Lejos de las americanadas que tanto se critican en las pelis USA y tanto se demandan en las nacionales, el que vaya sin mayores pretensiones al cine, podrá disfrutar de un psico-thriller rural, con el siempre jugoso fondo del fin del mundo detrás.
Pero hablemos claro, esto no es ciencia-ficción. El meteorito, el fin del mundo… son solo excusas de marketing para atraer a mas gente a las salas (de las que dudo de su éxito, pues eramos 5 en la sala el sábado noche). No aportan prácticamente nada a la historia
El examen psicológico de la situación que supone la certeza de la muerte de la humanidad en 72 horas es débil y superficial. Su credibilidad genera dudas mas que justificadas (por que huye la gente? hacia donde?).
La auténtica linea argumental es la del acoso del personaje de Eduard Fernández, como siempre, haciendo un gran trabajo de malvado (aunque algo escaso para mi gusto), sobre la familia de Víctor Clavijo, cuya interpretación de un joven hastiado y desencantado de la vida es, probablemente, la mejor de su carrera.
También fantástica Mariana Cordero, en su papel de madre coraje. Un personaje áspero y fuerte. Incluso los jóvenes sobrinos del protagonistas hacen un gran papel. Las interpretaciones, sin duda lo mejor de la película.
Reseñable la fotografía. Sucia, polvorienta, llena de matices ocres y arenosos. Su cegadora luminosidad consigue crear una atmósfera extrañamente claustrofóbica y asfixiante.
Una valiente apuesta por salirse de los tópicos ibéricos a la hora de hacer cine. Un joven director que habrá que seguir, pero que en esta ocasión no termina de conseguir entusiasmar con este producto tremendamente irregular, capaz de aburrir e impactar a ratos, de potente factura visual y personajes bien trabajados… y respecto a la ciencia-ficcion… gato por liebre.