
Francamente, con tanta competencia cinematográfica superheroica y tanto dinero en juego, tras los spin-off previos de los Vengadores, la cuarta gran adaptación al cómic de este verano corría serio peligro de darse un sonoro batacazo. Muchos se acercarán a ver el filme con más que fundada desconfianza –o no lo harán, guiados por esa misma impresión- preguntándose si el realizador Joe Jumanji Johnston será capaz de hacerse cargo de todo, y de hacerlo con estilo; o si, por el contrario, nos servirá un producto más que trillado, poco cuidado y desdibujado, al servicio de la industria de hacer dinero Paramount/ Marvel.
No lo tiene fácil. Capitán América tiene que conectar a este héroe de la Segunda Guerra Mundial con los tiempos modernos; la película tiene que apuntar con habilidad a todas las otras cintas de Marvel comics que forman parte de la franquicia Los Vengadores, ya que como indica su título el buen capitán es The first Avenger (El primer Vengador). El argumento se tiene de entregar al mito del origen –de cómo el Capitán América nace de un experimento único, durante la segunda guerra mundial, de crear al “super soldado”-. La película tiene que redefinir su camino de encuentro entre el capitán (Chris Evans) y el líder de Shield que conocemos como Nick Fury (Samuel L. Jackson), y, por si fuera poco, darnos una versión creíble del padre del futuro inventor de Iron Man, Tony Stark, Howard Stark (Dominic Cooper). Y tiene que ser divertido; y de acción; y…
Y lo es. La cuarta película veraniega basada en un comic de superhéroes es la mejor de ellas. Johnston ha entregado un oasis de luz, una aventura equilibrada e inteligente con una píldora hábilmente disfrazada de nostalgia en la garganta, con los nazis postulándose como los mejores villanos, y con sabrosas referencias a los amantes de "Star wars" y "En busca del arca perdida".
BSO Capitán América. Tema 09. We dit it - Alan Silvestri
El Capitán América de Joe Johnston me proporcionó una de las mejores sensaciones que he sentido este año en el cine: el agradable shock de malas expectativas incumplidas. No es una obra maestra, pero es una sólida artesanía cinematográfica que engancha de principio a fin y que, tras el visionado, te escupe a la calle con ese postgusto tan agradable del run run energético de sentirse bien en lugar de la frustrante decepción tan común, últimamente, en este tipo de producciones. Sinceramente, jamás pensé que a estas alturas algún blockbuster de superhéroes pudiera atravesar las férreas cicatrices de mi insensibilidad. En lo que llevamos de año ya nos han servido The Green Hornet, el inefable Thor, X-Men: First Class –la más digna- y la sin palabras Green Lantern (Linterna Verde) –películas que cubren toda la gama que va de mala a menos mala o, realmente, no-está-tan-mal-según-que-parte-. Pero el Capitán América nos sirve como recordatorio del porqué empezó el saqueo cinematográfico de los comics de superhéroes y de sus historias: Porque son una gran fuente de mitos populares modernos además de fuente de entretenimiento, de diversión y, porqué no, de reflexión.
Capitán América también demuestra el punto -aparentemente simple pero extrañamente difícil de retener para los productores de Hollywood, de una película a otra- que lo que otorga a un filme su sentido de la maravilla no son sus efectos especiales o el casting de actores, o incluso necesariamente su dirección: Es el guión. Una buena historia es el sine qua non de un buen argumento cinematográfico. Los buenos actores son de poca utilidad si llenan su boca de diálogo de mala calidad, como los ganadores del oscar Anthony Hopkins, Natalie Portman y Christoph Waltz han dejado claro este año en su interpretación de secundarios para filmes de superhéroes. Y la mega-espectacular destrucción de Chicago, como hizo Michael Bay en la tercera entrega de Transformers, sólo es emocionante si se han creado personajes que el público no quiere ver aplastados por los escombros.
El equipo de guionistas, Christopher Markus y Stephen McFeely (que también colaboró en las tres entregas de Las crónicas de Narnia) deciden comenzar su historia en marzo de 1941, la fecha de lanzamiento en comic del primer vengador, el Capitán América. Ese comic, creado por los ya casi legendarios Joe Simon y Jack Kirby, llevaba un descarado mensaje anti-aislacionista que incitó la polémica en los dias previos a Pearl Harbour. La cubierta del tebeo mostraba la bandera norteamericana estampada en el uniforme del héroe, Steve Rogers, golpeando a Hitler en la mandíbula. La idea de Markus y McFeely es brillante: Acercarse a la historia de Steve Rogers como una pieza de época, cuidada y con sentido, hasta nuestros dias; sin sonrisas superheroicas de dentífrico para los aficionados, con ninguna concesión a las interpretaciones bluff de cartón piedra, y nada de cameos baratos de celebridades que rompan el ritmo de la historia (con la excepción de un cuestionable necesario epílogo, al final de los créditos, que en cualquier caso es de los mejores que he visto en la franquicia ‘vengadora’). Ésta es, ciertamente, una inspirada película de guerra y, por ello, no es casual que los créditos de cierre empiecen con la imagen de un “El Tío Sam te quiere” al estilo del cartel de reclutamiento de la época.
El principio del filme no puede ser más prometedor. En aquellos dias, antes de Pearl Harbour, el oficial nazi Johann Schmidt (Hugo Weaving) –el futuro villano Cráneo rojo- irrumpe en una cripta noruega para robar un pequeño y antiquísimo cubo de cristal, de propiedades extraordinarias, que proporcionará, al que lo posea y domine, poder infinito. Lejos de allí, mientras Schmidt se regodea con su triunfo, un enclenque y enfermizo Steve Rogers ha estado intentando alistarse en el ejército USA por cualquier medio necesario, incluso mintiendo a la Junta de reclutamiento: Su pequeña estatura y larga lista de dolencias físicas lo etiquetan como un 4-F, excedente no apto para el servicio. El valor y determinación de Steve captan, por casualidad, la atención de Abraham Erskine (el actor Stanley Tucci), un científico del gobierno que trabaja en un experimento secreto norteamericano para crear el supersoldado: la Operación Renacimiento. Erskine convencerá al duro coronel del ejército que dirige el proyecto (Tommy Lee Jones) para que ponga a prueba a Steve Rogers. El experimento tendrá éxito pero…

El actor Chris Evans, que ha sido una presencia eficiente, e incluso destacable, en películas como Los 4 Fantásticos (interpretando a la socarrona antorcha humana), en la piel del arrogante Lucas Lee de Scott Pilgrim vs the World, el antihéroe de Push, y otras, nos regala una interpretación idónea en su rol de Steve Rogers/ C. América. Un tipo sano pero no beato, masculino sin ser machista, empático y agradable para la audiencia, aunque sin caer en la peligrosa trampa del guaperas insustancial. De hecho, no hay en esta producción un papel que no esté bien: Del ‘kitsch’ Dr. Erskine que Tucci borda con encanto, nominándolo al puesto de tío encantador del público, a Toby Jones ‘Capote’ , como científico alemán pusilánime, contrapunto ideal del loco villano Cráneo Rojo; Dominic Cooper como el rico industrial Howard Stark (padre de Iron Man-Tony Stark) –de tal palo tal astilla- o la deliciosa y elegante interpretación de la británica Hayley Atwell, en su papel de la agente Peggy Carter, dando la réplica como el primer amor del ‘capi’, completan el elenco de secundarios que arropan con acierto a nuestro héroe en su aventura.

El actor Hugo Weaving, como el coronel Schmidt/ Cráneo Rojo construye un alter ego malvado realmente convincente, sin prisas ni derrapes improvisados, y evitando caer en la caricatura; un personaje inteligente, ambicioso y algo loco pero con un matiz oscuro suficientemente carismático que suscita inquietud ante su imprevisibilidad. Realmente, a este intérprete, exagente Smith, le va que ni pintado al personaje, y merecería más crédito en futuras producciones de parecido talante; tiene virtudes y tablas suficientes para defender interpretaciones más sustanciosas. Pero, como siempre –o casi nunca, en otros actores- si hay un secundario que realmente destaca y domina la escena, en sus puntuales apariciones, ese es Tommy Lee Jones. Jones construye con oficio un malhumorado y tosco coronel Philips estupendo, obteniendo un clon personalizado de Indiana Jones digno de réplica. Pensándolo bien, esta conexión Spielberg tiene sentido si prestamos la atención suficiente a los deliberados guiños y referencias de nuestro estimado Indy Jones; lógico, dado que el director Joe Johnston ganó un oscar por su participación como diseñador de los efectos visuales de En busca del Arca perdida; de ahí, también, su estupenda fotografía y escenografía, a cargo de Shelley Johnson dominando los claroscuros, grises azulados y colores apagados, de la película, así como la conseguida ambientación retro de la cinta, perfectos para adaptarse, con perspectiva nostálgica, a la época de la Segunda Guerra Mundial a la que nos retrotrae convincentemente (ya que el corazón de la historia tiene lugar en ese momento).

Los efectos especiales CGI son realmente notables, apuntandose el primer tanto en la espectacular transformación de Steve Rogers, primero de apariencia enclenque, flaca y de talla mínima para luego transformarse, después del experimento, en un fenomenal ejemplar de superhombre perfecto y de físico hercúleo; una caracterización aún mejor, si me apuran, que la que pudo apreciarse en la famosa película de Benjamín Button, que vinculadba su argumento a cambios físicos asombrosos de semejante calado.
Pero ahí no es todo. Los que buscan acción y adrenalina en un filme no se verán tampoco defraudados. Personalmente, me atrapó la escena del tren –que aquí no destriparé- aunque no son pocas las que se podrán disfrutar, con garantía y calidad, en el segundo tramo de la cinta. Eso sí, sin dar la molesta sensación de que las interpretaciones y la historia son soterradas bajo un despliegue desorbitado de efectos y explosiones. Capitán América consigue sin rubor el tan necesario equilibrio, sobreponiéndose con éxito a los excesos tan comunes en otras producciones.

Sin embargo, si tuviera de elegir una parte que apunte maneras de escuela Dark Knight, o del primer Iron Man, esa sería el primer tramo de la cinta, en la que habita, y se palpa, el corazón, temple y elegancia, con una buena historia que agarra y blinda el alma del largometraje. Se tiene la impresión de que el segundo tiempo del filme, aunque bien facturado, se debe más a las obligaciones argumentales de la franquicia vengadora y a lo que parte del público mainstream podría exigir en una cinta de acción; y el Capitán tiene gancho para todos -sino que se lo cuenten a Cráneo Rojo-. Sin embargo, no embarranca en el apresuramiento y sirve las conexiones con habilidad. Con buen ritmo y una historia bien contada e interpretada –como tiene-, si el Capitán América sólo hubiera sido eso mismo, podría afirmarse, sin lugar a dudas, que podríamos estar ante una producción memorable, como hay pocas; tanto como fue un Batman de Nolan, sin las servidumbres a la Liga de la Justicia, marca DC.
Pero la ausencia de una buena música cinematográfica –factor esencial que los que me conocen siempre reivindico- podría dar al traste con el esmerado conjunto de la superproducción. Hubo suerte. Alan Silvestri fabrica con eficiencia cirujana un atractivo combinado de sustantivos temas de acción, marca de la casa, con buen ritmo y bien integrados a las escenas tipo (como el Captain America March, a lo John Williams), para acabar redondeando la clave sonora del filme sirviendo deliciosos y elegantes soundtracks íntimos que destilan introspección en las tomas ‘de personaje’. No es una obra maestra pero destaca por méritos propios, arrebatando el honor de la mejor BSO de los recientes estrenos de superhéroes a sus colegas Doyle (Thor ) y Newton Howard (Green Lantern ).
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En definitiva, un plato cinematográfico veraniego de muy buen paladar que no dudaré en recomendar a diferente tipo de público. Las escenas de acción y el ritmo coherente de la historia se combinan estupendamente para ofrecer una experiencia fantástica. Los personajes bien dibujados y con sustancia. Y debo admitir que me quedé muy impresionado por la secuencia final, cuando el Capitán América despierta. Casi tanto como cuando, al desaparecer el último fotograma de la pantalla, mi hija de doce años ladeo la cabeza hacia mí y afirmó solemnemente, como para sí misma: nunca imaginé que esta película me gustaría tanto.
125 minutos de disfrute ‘purasangre’.
Calificación: 4 sobre 5 (un 7 sobre 10)
Capitán América: El primer Vengador. Trailer music
Comentarios
La crítica pues un peazo de crítica con vida propia. Tal cual. Tiene lo que hay de tener, con "un par" de...estilos.
Pero Capitán América convence,agrada y resulta satisfactoria,a pesar del rastro de herencia marveliana que debía cumplimentar,co mo explica muy bien el artículo.Y destaca sobre todas las aventuras superheroicas de los últimos meses,con creces.Con dignidad y buena historia,convin centes interpretacione s,con bonus de realización y recreación.Guste más o menos el escudoman,el comentarista clava las sensaciones que te ofrece.
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