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Recuerdo el año 1998. Fue la primera vez que mi camino se cruzó con el de Wes Anderson. “Academia Rushmore” cayó en mis manos como la obra de un director por entonces poco conocido. A esas alturas ya había rodado “Ladrón que roba a un ladrón”, pero un servidor todavía no la conocía. También recuerdo fielmente mi sensación al acabar la película: “pues sí que es un tipo raro el amigo Anderson”, pensé. Aquel “yo” era un chico al borde de la adolescencia que no llegó a entender aquella “gafapástica” obra. Creía que el “yo” de 2012 podría recuperar aquel filme y comprender su verdadero sentido. Nada más lejos de la realidad.
“Los Tenenbaums”, “Life aquatic”, “Viaje a Darjeeling” y “El fantástico Mr. Fox”. Cuatro películas más. El respeto que se va ganando Wes Anderson dentro de la industria es inversamente proporcional al que yo siento por mi intelecto. La crítica aplaude al extraño realizador y yo sigo sin entender lo que quiere contarnos el tejano. Logro admirar su estética y el estilo característico. Consigo respetar su “modus operandi” con la cámara, pero todavía no siento nada. Así llego a la sala en la que se proyecta “Moonrise Kingdom”. Aterrorizado.
El argumento es de lo más sencillo a la par que atractivo: Dos niños enamorados (raritos, para variar) se escapan de casa buscando un mundo propio (rarito, para variar) lleno de colores. El pueblo de ambos se pondrá patas arriba en la búsqueda de los jóvenes, levantando así viejos rencores entre los habitantes del lugar.
Salgo de la sala y la sensación es la misma: “¡Nada de nada!”. Pero algo ha cambiado en mi interior. Ya no me siento estúpido. Me siento humano. Descubro el gran problema. Wes Anderson ha levantado un muro inmenso entre él y yo. Sus sentimientos no son los mismos que los míos. Sus inquietudes no son las mismas que las mías. La factura del filme es nuevamente impecable, pero no estamos en la misma onda.
De este modo empieza un nuevo ciclo en nuestra relación. Respeto esa forma de plasmar la estupidez humana. Respeto y comprendo que Bill Murray, Edward Norton y otros tantos grandes intérpretes adoren ponerse a las órdenes de Anderson una y otra vez. Creo que tiene un estilo depurado y muchas cosas que contar y criticar con esa forma tan peculiar, pero Wes Anderson no es para mí.
Puntuación : ![]()
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