¡Maldito sea Eli Roth! E
n serio… odioso él, desde su Hostel el género de turistas americanos por el mundo sufriendo las malicias procedentes del exterior se ha degenerado y exagerado hasta puntos exacerbados. Y es que como los jóvenes protagonistas de la película te puedes ir vacaciones por Europa, recorrerla de cabo a rabo, pasar por Kiev… ¿Pero quién en su sano juicio decide hacer una escapadita a Chernóbil sólo por que un tipo raro desconocido se lo propone? Claro, había que dar un motivo para que los chavales llegasen allí, y que estuvieran desprotegidos, no importaba lo estúpido que este fuera, el único lema que estas películas respetan a rajatabla es el de nunca dar argumentos más idiotas que los propios personajes, claro que con esta colección de muchachos el campo es grande y se convierte en un todo vale involuntariamente hilarante.
Así que nada, los jovenzuelos, todos muy pijos y emparentados, llegan a Chernóbil, y por desgracia cuando vuelven de dar un garbeo una casa abandonada se encuentra con que algo ha acabado con los cables de la furgoneta, algo bastante lógico teniendo en cuenta que ya han visto un oso incluso (el mejor personaje de la película y merecedor de un spin-off). Cae la noche, aparece un muerto, y los niños pijos se ponen a gritar como locos, por que el hecho de que uno llevo palestina y barba no nos quita la idea de que sigue siendo un pijo con ínfulas del movimiento 15M.
Unos gritos incesantes que penetran en la cabeza del espectador hasta el punto de volverle loco. Es cierto que la película al menos intenta variar un poco la fórmula habitual, jugar al despiste, que el espectador se pregunte ¿cuál es la amenaza? ¿Qué importancia tiene la radiación en todo esto? Pero es un esfuerzo fútil por que tienes más interés por que esa panda de niñatos pijos y repeinados acaben siendo devorados por ese oso que tan bien nos cayó y dejen los grititos con los que nos taladran el cerebro.

No existe un amago de crear tensión, en parte también por una penosa realización, la película que va avanzando a pasos agigantados hacia el mayor de los ridículos, deshecha la idea de ser una especie de versión de Asalto a la comisaría del Distrito 13 con los niños pijos encerrados en la furgoneta contra un montón de lobos. Pero era demasiado pedir, pronto saldrán y en su último tercio nos regalaran la versión más descabellada de Salvar al Soldado Ryan adornada por la presencia de la radiación e incluso un aterrador (y más ridículo) mensaje final con una sorpresa menos sorprendente de lo que imaginábamos.
Lamentable y ridículo espectáculo el de esta cinta de terror en la que hay poco que rascar, no se vislumbra nada mínimamente positivo en una película que sabe a refrito, aburre pese a su escasa duración y nos convence definitivamente de que Oren Peli es uno de los mayores estafadores que ha dado el cine reciente. Y es que el creador de Paranormal Activity, también detrás de este proyecto, vuelve a tomarnos el pelo a lo grande. Ni siquiera es apta para reírse con ella y casi ni te permite reírte de ella, pero eso sí, queremos al oso, y echamos de menos que no se cargase a algún niño pijo de un zarpazo.