Si ya hablamos antes de la ópera prima de Roser Aguilar, Lo mejor de mí, hoy nos toca el turno a la del director cántabro Nacho Vigalondo. Su título: Los cronocrímenes. En ella introduce en una batidora la curiosidad humana, la intriga, la sucesión de mala suerte y unos viajes fuera de las reglas físicas. Estos ingredientes aderezados con una pizca de humor y ciencia ficción son el resultado siendo un extraño combinado dentro del panorama nacional.
Una apuesta arriesgada en la que no se ha recibido el apoyo necesario. Triste es tener que esperar durante un año para encontrar distribuidor alguien capaz de coquetear con Hollywood habiendo sido nominado a los Oscar por su corto 7:35 de la mañana. Este es el mayor problema que encuentra la Industria Cinematográfica en nuestro país. Se subvencionan largometrajes que la gente esta harta de ir a ver y no se apoyan proyectos innovadores, lo que induce a que empiece a haber un éxodo al extranjero de actores y directores. ¿Qué hubiera pasado si Alejandro Amenábar no hubiera encontrado respaldo para rodar su majestuosa Tésis?

Un puzzle bien trenzado y entretenido pero sin llegar a pulir del todo, como es el caso de la materia prima: los actores. No obstante, hay que animar a los valientes y Nacho Vigalondo es uno de ellos.