Habían pasado 4 tortuosos años desde que estrenara su polémica La pelota vasca, tiempo suficiente para olvidarse de todos los problemas personales y el linchamiento mediático que sufrió y poder así con su mente libre de cargas ahondar en un personaje femenino fascinante. De esta forma consiguió sacar a la luz ese cine de autor que lo ha llevado a crear grandes historias y gracias al cual ha conseguido el respeto de todos. Como en Los amantes del círculo polar, Julio vuelve a otorgar el nombre de Ana a su protagonista principal estrechando ese vínculo que tiene con los nombres capicuas: Un círculo en el que los hechos se suceden sin tener inicio ni final, dando cobijo al ciclo de la vida indistintamente del ángulo por donde se mire.
La película gira en torno a la principal protagonista, en su caos y en su estrecha relación con su pasado. Las conexiones con el resto de protagonistas y sus ramificaciones conforman una compleja tela de araña, la cual ha sido tejida con paciencia y sutileza cargada con uno de los mejores enfoques visuales que se recuerden. Tanto los diálogos como el guión dejan paso en diferentes momentos del largometraje a su perturbadora e hipnotizante banda sonora actuando de lazarillo de unas imágenes desgarradas cargadas de sensibilidad y poesía creando una reflexión en el espectador. Siempre con sus diferentes matices, como en todas las obras de Julio Médem.

Como si fuera fiel reflejo de la tensión de un verso in crescendo a cuatro tiempos nos encontramos de golpe en el inicio del film, del que podría ser el final también por hallarse en ese círculo sin salida. El plácido vuelo de una paloma sabedora del posterior ataque del halcón, presa de su futuro de la mano del sufrimiento (o salvación) dignificada con su muerte.
Para indagar más en esta obra os iremos obsequiando pedacitos de esta compleja sintáxis que es Caótica Ana y su universo paralelo.