Uno se acostumbra a historias lineales, estructuradas en diferentes partes y finalizadas con una traca final para que la espera haya valido la pena. Éste no es el caso. Bajo una tela trasparente la historia camina de la mano a partes iguales en lo dramático y en el thriller negro, una acción cocinada a fuego muy lento para obtener como en la cocina el mejor de los guisos.
Este éxito se debe gracias a la labor del guionista (Kelly Masterson) y el director, Sidney Lumet, capaz por un lado de sacar lo mejor de sus actores y dar un enfoque diferente al género por el otro. Los viejos rockeros nunca mueren y a la edad de 82 años este director nacido en Filadelfia ofrece a los que empiezan una clase magistral del dominio de la cámara y el control del tiempo para que las acciones cobren todo su protagonismo justo en el momento exacto.

Habrá personas que encuentren lento este film, pues el hilo argumental de la trama hace que las acciones se sucedan poco a poco. No os vamos a engañar, quien espere acción a raudales saldría decepcionado del cine. Esta obra es más para aquellos que disfruten de una novela negra en la que se dejen llevar por la corriente que arrastra a los personajes a un destino incierto, lleno de intriga. Una cinta en la cual va subiendo el ritmo paulatinamente hasta situarnos con la necesidad imperiosa de conocer el final aderezándola con unas repetitivas pero efectivas notas musicales.

Demasiado tarde para cambiar.
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