Pero vemos a Ana como una jovencita normal. Más bien parece "ultrarreal". Una hippie de nueva generación que pinta cuadros que salpican optimismo y felicidad. Una pintura a cera, naif y colorista, que forma un muro de protección lleno de puertas cerradas que poco a poco alguien llegado de muy lejos (del otro lado del Atlántico) le ayudará a abrir; rendijas del abismo.
Ana pisa su presente pero ya está poniendo el próximo paso por delante, por si acaso al tiempo se le ocurriera transcurrir más rápido. Ella quiere ser siempre la primera en apuntarse a lo que está por llegar, nuna a lo que ya ha sido, y menos a lo que está muerto. O apagado. O falto de color. Es una entusiasta del color, de lo surreal, de lo deseable... Y con el amor Ana se entregará en sacrificio, como una cría romántica a su príncipe azul oscuro, o como una vieja montañera dispuesta a subir las cimas más altas del planeta, y no bajar nunca.

Ana tiene cara de pájaro y huesos de cavernícola. Respira el aire más ligero aunque por sus venas corre sangre densa, oscura, vieja. Criada en una cueva de Ibiza ella disfruta soltándose y descubriéndose en Madrid; es una europea que siente que Nueva York es el mejor sitio para "estar". Hija de una bestia parda de padre, Ana se lanza al mar para salir del Viejo mundo, hacia el Nuevo, para cambiar el pasado grande por el presente grande. Pero siempre será la amante y madre de los dos mundos; amante herida y bestia madre.
Ana es la princesa y el monstruo de esta fábula contra la tiranía del hombre blanco; tiranía de género masculino contra el femenino, como primera causa de las desgracias de la Humanidad. Ana es presa fácil, auténtica carne de caza, pero también fina punta de lanza del escarnio y el escarmiento contra la injusticia del cazador blanco. Pero no parece exactamente un soldado, más bien es un polizón de una travesía a vela, o como mucho una terrorista sexual que no sabe del todo que si la Historia tuviera, en algún lugar, un poco de conciencia, (además de ser femenina) ella sería una de sus tesoreras.

Ana es una encantadora de lo naif porque en realidad no se habla con las fuerzas del tiempo, ni de la tierra, ni del fuego, ni del hielo… Aunque sean sus aliadas. Es una inconsciente genuina a la que hay que ayudar a volar, subiéndola eternamente.
Queriéndola, siempre.
Vía: www.juliomedem.org