He de decir que es el primer documental que veo en un cine. Pero es el mejor documental que he visto en mi vida. En sus 94 minutos, no miras el reloj ni una sola vez, y eso ya es meritorio. Además, el film contiene una poesía delicada y transgresora durante muchos minutos. La banda sonora cumple a la perfección. Es el ejemplo perfecto de qué es y porqué debe existir una banda sonora en una película. Los planos de las torres gemelas, qué puedo decir, estremecen por sí solos. Hubiera sucedido o no la tragedia que todos sabemos, la película sería igual de impresionante.

Quizás su punto más débil está en las recreaciones en blanco y negro, que complementan lo que nos cuentan los protagonistas en sus entrevistas. Pero es comprensible en este tipo de cine. Y no es que sean cutres, a mi me han gustado, pero al lado de la realidad que vivió Petit se quedan cortas. En este caso, sí se puede decir que la realidad supera a la ficción, y es que son más impresionantes las fotos o vídeos reales de archivo que las recreaciones. La forma de presentar a algunos personajes (amigos de Petit que le ayudaron) no me convenció, quedaba un poco brusca, sus caras están forzadas. Después hablando se desenvuelven muy bien, sobretodo el que
rompe a llorar, ahí casi me emociono.
En definitiva, recomiendo esta película a todo el mundo que la pueda ver en un cine con una buena pantalla grande, porque se disfruta bastante más de las maravillosas panorámicas que nos ofrece. Yo jamás caminaría sobre un alambre ni a un metro del suelo, y por un instante, en el cine, he deseado ser como Philippe Petit. Es un artista, un loco, un genio. Y viene a decirnos que intentemos cumplir nuestro sueño, que no nos rindamos, que no tengamos límites. Solamente por ese mensaje, el cual se capta a la perfección, la película merece la pena. ****