Hay que recalcar que no estamos ante una película de vampiros, sino una película con vampiros en el que el hecho de que aparezcan estos seres sobrenaturales cae en un segundo plano para hablarnos sobre el amor, el acoso, el miedo y la soledad. Quien busque ríos de sangre en esta cinta no los encontrará.
Los primeros 10 minutos son fascinantes, introducción a lo que nos espera con un ritmo adecuado, inquietante y bello en su fotografía. A partir de entonces se abre ante nosotros un escaparate de relaciones en el que destaca la compuesta por los chicos Kare Hedebrant (Oskar) y Lina Leandersson (Eli).

Incubado bajo las burlas y el desprecio de sus compañeros de clase, Oskar despierta el temor que se puede tener ante un entorno hostil dentro de una psicología todavía en desarrollo. La soledad (muchas veces buscada) es lo que recibe de su entorno y la que transfiere incertidumbre en su personalidad.
Eli junto con su padre son los nuevos vecinos de una comunidad que se conocen todos entre sí. Poco habladores, esquivos y reacios a integrarse con la gente despiertan inquietud y habladurías en una comunidad enclaustrada. Bajo el aspecto pálido de Eli, vemos un personaje semejante a Oskar: solitario pero con la necesidad de abrirse a alguien. Aquí radica toda la fuerza de la cinta, un encuentro que va más allá de la amistad pese al miedo que causa la verdad.
Hay veces que no se desea el físico, se ama su alma y no el frío cuerpo que lo encubre. Más allá de lo permitido, más allá de tus miedos.
El amor (ese sentimiento universal) esta escenificado en multitud de variantes pero quizás la más compleja sea la compuesta por Eli y su padre (Per Ragnar). La sangre es lo que nos une, un lazo mayor que nuestra propia existencia al cual protegemos por encima del bien y del mal. Esto nos lleva a las siguiente cuestiones:
- La distancia que separa la vida y la muerte es estrecha.
- ¿Qué es lo que nos hace verdaderamente inhumanos?
Nuestra supervivencia a nivel físico y psíquico depende de lo segura que sea nuestra coraza. El lenguaje puede ser el arma más voraz contra tus adversarios pero no el único. Si te golpean, pégales con más fuerza. Más fuerte de lo que te atreves.
Los seres vivos somos tan cuerdos como impredecibles. Unos matan por su supervivencia, otros por naturaleza pero siempre quedarán los que prefieran morir antes que matar.
Apoyándose en una gran banda sonora Déjame entrar despierta inquietudes, provoca un nudo en el estómago, nos hace recordar nuestras amistades y por encima de todo nos hace reflexionar en la manera que amamos. Cada vez que oigamos el crujir de nuestras botas en la inexplorada nieve, nos recordará esta película sueca. Las huellas que dejamos a nuestro paso, serán el legado de nuestras decisiones.
Tendemos a esconder nuestros secretos pero hay algunos que nos es necesario compartir. En el caso de Eli, huir es la vida. Quedarse, la muerte.
¿Cuál es el tuyo?
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