Nacido el 26 de Diciembre de 1972 Shane Meadows deslumbró en 2006 a crítica y público con This is England, un retrato dramático centrado en jóvenes skinheads a principios de los años 80. El por aquel entonces niño Thomas Turgoose fue pieza clave para el rotundo éxito que cosechó esta película (fue el ganador del premio como actor más prometedor en los British Independent Spirit Awards 2006) y es por ello que el director ha vuelto a trabajar con él en Somers town siendo ya un adolescente.
Thomas Turgoose da vida a Tomo, un joven que deja atrás Nothingham para recalar en Londres en el barrio de
Somers Town. La capital británica se abre de par en par otorgando un amplio abanico de posibilidades y amistades. Este joven ha nacido para la interpretación y lo vuelve a demostrar en este delicado retrato de la adolescencia, inmigración (e integración social) y las consecuencias de los hechos del pasado.
El eje central de la historia lo completa Marek (Piotr Jagiello) y su padre Marius (Ireneusz Czop). Una familia polaca unida por necesidad que busca su lugar en el mundo dentro de una nueva ciudad. La química entre los dos actores es excelente y dotan a sus personajes de un gran realismo.
La pasión de Marek es la fotografía, captando su mundo actual en instantáneas. Como todo artista, él tendrá su propia musa. Una joven camarera francesa llamada María (Elisa Lasowski) que también vive lejos de sus orígenes. María en realidad es un espejismo, un anhelo dibujado en las mentes de quien necesita sentirse bien, agarrarse a algo o a alguien inventando en su mente una persona bella y amable que les comprenda.
Tanto Marek como Tomo están lejos de sus hogares, quizá esa es la fuerza donde radica su amistad. Su relación esta pautada por su antagónico carácter, marcado sin duda por el pasado y presente de cada uno en el que los motivos para recalar en Londres son antónimos.
En Somers Town encontramos momentos realmente hilarantes donde no se puede esconder la sonrisa dibujada en nuestro rostro. Los protagonistas son adolescentes, en plena edad del pavo y como tal actúan con sus correspondientes gamberradas. Claro que también hay momentos para la reflexión y el miedo. Se pueden filmar escenas de violencia (machista, sexista, de malos tratos) de muchas maneras.
En este aspecto es de alabar el talento de Shane Meadows que nos demuestra cómo criticar la sociedad y desenmascarar nuestros miedos (hacia un ataque o hacia nuestro arrepentimiento) otorgando al Cómo más fuerza y dejando el Qué en segundo plano. Porque a la hora de crear tensión en una obra (sea novela o largometraje) es mucho más efectivo crear una situación al límite (el cómo llegamos hasta aquí) que la acción que trascurre a posteriori (el qué pasa después).
Otro de los puntos fuertes de la película la encontramos en la banda sonora firmada por Gavin clark, un antiguo amigo del director. Su voz seca y melancólica traspasa la pantalla y consigue tocar al espectador desde sus primeras notas en forma de introducción y de despedida en los créditos finales. Un acierto sin duda la inclusión de este artista con mayúsculas, semejante a Bruce Springsteen en sus canciones más intimistas pero con su sello particular.
Os dejo con la canción Low are the punches que se incluye dentro de la película acompañado de Ted Barnes.
En conjunción con la música cabe destacar la elección del blanco y negro por parte de Shane Meadows. La interactividad que se consigue a través de esas dos tonalidades con el modesto barrio de Somers Town es exquisita, haciendo sumamente difícil imaginarse de otra forma la elaboración del largometraje.
Interesante secuencia para el análisis me parece la visión de las escaleras del bloque donde viven los protagonistas. Toman un papel importantísimo para entender el engranaje de la historia y de la vida. Unos suben, otros bajan. Cada cual lo hace por diferentes motivos pues etapas diferentes son las que vivimos.
Sea cual sea la dirección, lo cierto es que el único camino verdadero es el de tu instinto, una ruta que para encontrar lo que buscamos nos es necesario seguir avanzando sin detenernos.
Mirar para atrás no estará permitido salvo para aprender de nuestros errores.