Jueves, 01 Diciembre 2011
Escrito por Jos Rodriguez
Pocos años después de Casablanca se estrenaba este film de Charles Vidor con Rita Hayworth como principal reclamo. Los paralelismos entre ambas son evidentes. Casi todo el film se desarrolla en un espacio cerrado, aquí un casino y en Casablanca el Rick,s. Ambos locales son gobernados por los protagonistas, Bogart y Ford (aunque este último no totalmente). Es una historia de amor que tuvo su parte álgida y turbulenta en el pasado, en el presente tan solo vemos las consecuencias de ese romance. En ambas hay una guerra de trasfondo. Tienen secundarios carismáticos como Tío Pio en la que nos ocupa o Peter Lorre en la obra maestra de Michael Curtiz. En ambas hay una relación de amistad con la policía. Las similitudes son claras, si algo triunfa, ¿Para qué desviarse del camino del éxito? Obviamente la diferencia está en la historia y en la dirección, probablemente las dos cosas más importantes de una película. Aquí nos encontramos con un personaje femenino de gran carácter, que hace y deshace a su antojo.
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Jueves, 23 Febrero 2012
Escrito por Jos Rodriguez

Jamás pensé que vería juntas las palabras "cine familiar" Y "Martin Scorsese" en una misma frase. Cualquier persona que haya seguido con un mínimo interés la carrera del director italoamericano se tuvo que haber quedado patidifuso cuando se enteró de que el bueno de Marty realizaría una película para toda la familia basada en una novela infantil de gran éxito. Lógicamente, cada director sabe como quiere o puede llevar su carrera y la del genio director de Casino es cuanto menos gloriosa. Pero, ¿Qué ocurre cuando las ambiciones artísticas están supeditadas a las económicas y viceversa? ¿Por qué hizo Scorsese Shutter Island, The Aviator o The Departed? Son grandes películas pero con un perfil altamente comercial (echar un vistazo a los carteles de las tres, con el careto de Di Caprio como único y descarado reclamo publicitario) que, no nos engañemos, impiden que su cine setentero le gane la batalla al de los años 2000. Es decir, es imposible volver a ver un Taxi Driver, Raging Bull o Mean Streets siguiendo la tónica general de su organizada carrera. Ese es y será siempre el auténtico Martin Scorsese, el que salpicaba la pantalla con sangre, redención, catolicismo, gangsters, autodestrucción y dolor. No el que conoce la generación actual, que lo ve casi como un llavero del (gran) Di Caprio. Aquellas películas significaron el despertar de una época junto con los Spielberg, Lucas, Coppola, De Palma, Penn, Cimino y, desafortunadamente, todos son subvencionados ahora por el ente al que criticaban (Hollywood), están arruinados o, en el caso de Cimino, tan desquiciado que se cambió de sexo.
A pesar de todo, Scorsese es la persona más indicada para dirigir Hugo ya que se trata de una carta de amor al cine clásico, al de los orígenes, del que él siempre se ha declarado un apasionado admirador. De todos es sabida su encomiable labor como rescatador de films que parecían perdidos y su innegable calidad como documentalista. De hecho, recurriendo a A Personal Journey with Martin Scorsese Through American Movies o My Voyage to Italy, maravillosos documentales sobre sus referencias cinéfilas que le han influenciado no solo en su carrera como director sino como persona, uno se pregunta si no hubiera estado más cómodo desarrollando este proyecto como documental en lugar de film de ficción, puesto que en las escenas con Georges Méliès se percibe un tratamiento narrativo y visual diferente al del resto del metraje, disfrutando al máximo cada fotograma que le dedica al mago y cineasta francés.
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Lunes, 16 Enero 2012
Escrito por Jos Rodriguez
Hacía siete años ya que el director del piloto de la serie de HBO Hung n o estrenaba película. Corría el año 2004 y Alexander Payne nos obsequiaba con una radiografía del dolor cotidiano a través de una road movie con los viñedos norteamericanos de fondo. Sideways ganó el Óscar al mejor guión adaptado y sacó del anonimato a un orondo actor que antes había encarnado magistralmente al recientemente fallecido dibujante de cómics Harvey Pekan en American Splendor. Si tenemos en cuenta sus películas, Payne es un tipo paciente, meticuloso y al que no le importa resguardarse un tiempo a fin de conseguir el mejor de los resultados posibles. Y así nació The Descendants, película heredera de Little Miss Sunshine, Up in the Air o la sobrevalorada e insoportable Juno pero con una pequeña diferencia: la sensibilidad. Y es que si por algo destaca esta pequeña historia ambientada en Hawai es por una sensibilidad incipiente que, de tan expuesta, duele. El filtro que los guionistas Payne, Nat Faxon y Jim Rash disponen para transmitir y radiografiar este dolor son los personajes. Es decir, no hay filtro. No hay argucias externas o giros de guión injustificables para lograr comunicarse. Los personajes, lo que vemos en pantalla, es lo único que hay para nosotros. Hay una maquinaria detrás de ellos que no podemos contemplar porque estamos hablando de algo tan intangible como es el ingenio. El ingenio puro no se ve, solo se siente. Como hacían Wilder, Capra, Hawks o, actualmente, Allen.
Como he anticipado, el punto fuerte de la película es su guión, que inculca sus reglas al espectador desde el minuto uno presentando algunos de sus ases pero escondiendo de forma inteligente algunos otros para conseguir un mayor efecto dramático/cómico posteriormente. La acción transcurre en Hawai, como dice el personaje de Clooney al principio (con una voz en off que no estorba), lugar en donde no vale con trabajar, tienes que demostrar que trabajas (playas tentadoras bordeando toda la ciudad...).
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Martes, 03 Enero 2012
Escrito por Jos Rodriguez
Babel , Mar Adentro, La Vida es Bella, Crash...son películas. Algunas mejor que otras con algo en común: son manipuladoras. O por lo menos lo intentan. ¿Por qué ese afán desmedido por llevar al espectador al terreno deseado sin importar que medio usar para ello? ¿Por qué no dejar que él mismo se construya la historia y los personajes en la cabeza sin necesidad de "ayudas"? ¿Cómo tienen las santas narices Abi Morgan y Phyllida Lloyd de decirme que Margaret Thatcher era "x" cuando yo sé que es "y"? ¿Acaso saben más que los libros de historia y los historiadores que catalogan a la que fuera Primer Ministro de Inglaterra durante once años como uno de los gobernantes más extremos, déspotas y unilaterales que han existido jamás? Es una lástima que producciones como ésta sigan la estela de Oliver Stone y no de Frears o Hooper en cuanto a la utilización sin control del maniqueísmo más radical. Lástima porque la película tiene calidad cinematográfica suficiente como para haber prescindido de tales artimañas sin resentirse en absoluto. Contando con una de las mejores actrices de la historia como Meryl Streep, experta en humanizar todo tipo de personajes, estaba de más. La primera escena de una película suele adelantar el tono general del resto y aquí nos encontramos a una Thatcher vieja, sola y dándose de bruces con el horror de su pasado hasta yendo a comprar el pan.
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Domingo, 25 Diciembre 2011
Escrito por Jos Rodriguez

Los nuevos (anti)héroes no disparan una pistola en 100 minutos de metraje. Usan martillos, porras, objetos, las extremidades o como recurso extremo, las culatas de sus armas como representación simbólica del desprecio a esos mitos a una pistola pegados como Charles Bronson, Dolph Lundgren o Steven Seagal. El personaje construido por el guionista Hossein Amini a partir de la novela de James Sallis se diferencia de Bourne y del Bond moderno únicamente en ese aspecto, ya que en frialdad, dureza, obcecación y determinación son idénticas. El hielo y el cálculo contra los enemigos del bien, aquí muy marcados y perfectamente personificados por Albert Brooks y Ron Perlman. La primera escena del film nos explica en 5 minutos como es nuestro protagonista: obsesionado con el reloj en un atraco en el que él solo conduce. Ese es el gran problema de la película que brillantemente ha confeccionado Nicolas Winding Refn. Todo destila matemáticas, incluso los sentimientos de los personajes, frialdad, distancia psicológica con ellos y demasiadas veces confunde la grandiosidad con la pretenciosidad debido a un uso demasiado sofisticado de la música y a un ralentí amargante por momentos. Rueda de la misma forma la acción y el romance entre Gosling y una hermética Mulligan, provocando esto una escena (para mi gusto) bochornosa como es la del ascensor. A veces la forma condiciona el contenido pero en algunas ocasiones simplemente lo expone al ridículo.
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Lunes, 05 Diciembre 2011
Escrito por Jos Rodriguez
Es difícil saber cuando una producción cinematográfica se va a convertir en película de culto. No se sigue un patrón, aunque suelen ser películas marginales sin mucho eco en su presente pero que gozarán de él en el futuro. La ciencia ficción es el género estrella y este verano 2 películas combatían cuerpo a cuerpo para ganarse el favor el público en la memoria: Super 8 y Attack the Block. Oficialmente también estaban Paul y Cowboys & Aliens pero la primera carece de profundidad más allá del carisma de sus secundarios y la segunda...James Bond e Indiana Jones nunca se las han visto con alguien del "talento" de Jon Favreau, así que ni siquiera contaría. En el libreto de Joe Cornish (que también dirige) se encuentran las mismas señas de identidad del cine de los 80 que el sobrevalorado Abrams intentaba homenajear en la entretenida Super 8, con la diferencia de que el británico aboga por una falta total de escrúpulos, prejuicios y sin tomarse para nada en serio, consciente de que el cálculo milimétrico para que algo quede como un clásico del pasado solo consigue un efecto artificial y prefabricado.
El inicio del film juega con una ambigüedad moral peligrosa para el espectador, pues no es precisamente empatía lo que esos chavales de los suburbios de Londres desprenden. Afortunadamente, eso va variando poco a poco pero sin hacer ninguna concesión al estúpido buenrollismo exacerbado que sacude nuestros días. Los personajes son como son, no son héroes, son chavales de 15 años (algunos de 9) que ya son una lacra para la sociedad y viven marginados del resto, como el Hamsterdan que Howard "Bunny" Colvin creó en la 3ª temporada de The Wire. Nadie les echará de menos, solo las cárceles de la ciudad. En cierto sentido, es un mini-The Wire con el paralelismo de los bloques con las torres de venta de droga de la serie de David Simon y unos personajes que bien podrían ser protagonistas de la misma, tristemente.
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Lunes, 28 Noviembre 2011
Escrito por Jos Rodriguez
La primera pregunta que abordará a los espectadores de esta nueva Jane Eyre es si realmente hacía falta otra versión, teniendo en cuenta que no moderniza el mensaje ni el contenido sino todo lo contrario. Apostando por un clasicismo casi reverencial hacia la novela de Charlotte Brontë e incluso a la primera adaptación al cine firmada por Robert Stevenson siendo interpretada por Orson Welles y Joan Fontaine. Vuelvo a recurrir al maestro Eastwood para recuperar su famosa afirmación de que no hay historias nuevas sino solo otras formas de contarlas. Y el director de Sin Nombre, Cary Fukunaga, así lo hace recurriendo a uno de los elementos más importantes del cine y a la vez menos valorados por el público medio: el montaje. A través de unos ágiles y sutiles flashbacks nos intercala pasado y presente, removiendo de esta forma nuestros sentimientos en un tiovivo de sensaciones que van desde la desesperación a la angustia pasando por la tristeza contenida. Recurso de director grande. La novela ha sido analizada al extremo por lo que considero inútil referirme a algún aspecto de ella que los lectores no conozcan ya, salvando el hecho de que Moira Buffini, la autora del libreto, no tiene ningún interés en adaptar aquella trágica historia a nuestros tiempos ni ensañarse con algún tipo de variación que reste o modifique de alguna forma los valores y reflexiones expuestas sobre la Inglaterra de mediados del Siglo XIX.
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Jueves, 24 Noviembre 2011
Escrito por Jos Rodriguez
David Cronenberg siempre ha sido una rara avis dentro del mundo del séptimo arte, diferente para bien o para mal. Cineasta de excesos, obsesionado con la transformación física de los humanos y más particularmente con la carne: su uso, su creación, su destrucción, su mutación. La relación entre lo cerebral y lo puramente estético siempre ha estado relacionado y suele tener una conexión umbilical en cada uno de sus guiones, casi siempre de autoría propia. Todo ello acompañado de un estilo visual que tiende al homenaje a la SCI-FI de los 50 pero aportando material de su cosecha. Eso se acabó desde 2005 con el estreno de su mejor película hasta la fecha, A History of Violence, donde el director de Scanners abrazó a la industria de Hollywood como un bebé a su osito de peluche. No se lo recrimino pues cada uno puede conducir su carrera como le plazca, pero desde entonces evidenció una de esas transformaciones de las que él era experto, con Eastern Promises y ahora en A Dangerous Method (y ojo que su siguiente proyecto es un thriller con Tom Cruise y Denzel Washington, con guión ajeno, The Matarese Circle). Muchos directores se han vendido a la industria pero han mantenido sus señas de identidad, su estilo, su forma. Sin ir más lejos, el reciente ganador del Óscar (no precisamente por una de sus obras maestras) Martin Scorsese, ha sabido integrar su habilidad y calidad artística en proyectos absolutamente comerciales (The Aviator, Shutter Island, The Age of Innocence) sin traicionarse a si mismo y sin domesticarse, cosa de la que Cronenberg no es capaz ya que apenas reconozco un par de planos y su obsesión psíquica en esta película. Desde luego, me hace replantearme si era el director apropiado para esta historia en beneficio de un Aronofski, Nolan o, en un mundo perfecto, Kubrick.
El título de la crítica (¿Sexo? Varón ¿Familia? Hijo ¿Divorcio? No) retrata perfectamente
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Jueves, 17 Noviembre 2011
Escrito por Jos Rodriguez
El Señor de los Anillos y Harry Potter han sido bendición y castigo para el fenómeno de masas Crepúsculo. Por un lado, la explosión de ambas sagas en los cines allanó el camino a la novela de la escritora mormona Stephenie Meyer, debido a la sed de sagas literarias para adolescentes del público. Pero, obviamente, sufre cuando es inevitablemente comparada a aquellas, muy superiores (sobre todo la perteneciente a Tolkien). Pero hoy en día no importa tanto la calidad del proyecto como la posibilidad de saquear sin tapujos a su público exponencial, siendo alumnos aventajados de la rata más legendaria que existe: George Lucas. Particularmente, no soy fan de las películas interpretadas por Stewart y Pattinson, y las primeras partes me parecieron una absoluta estupidez, salvando detalles técnicos. En esta ocasión, han acertado en uno de los puntos donde siempre erraban: La dirección. Catherine Hardwicke y David Slade son unos inútiles (aunque Slade rozó el cielo con Hard Candy) y el bueno de Chris Weitz se mostró absolutamente devorado por la franquicia quedando reducido a mero títere. Pero llegó Bill Condon, cineasta que será objeto de burlas por su apellido sin trascender que dirigió Dioses y Monstruos, Kinsey y que le proporcionó una bocanada de aire fresco al musical negro con Dreamgirls. Y con él, profesionales de la talla de Carter Burwell (True Grit), Guillermo Navarro (El Laberinto del Fauno) o Michael Wilkinson (Watchmen). El director neoyorquino imprime un ritmo pausado y estiloso al torpe libreto de Melissa Rosenberg, sabiendo reconducir con sus composiciones de plano situaciones poco menos que vergonzantes por momentos.
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Miércoles, 16 Noviembre 2011
Escrito por Jos Rodriguez
Jason Statham es la estrella más brillante del cine de acción de nuestros días. Esto es así. Una vez que la generación de los 80 da sus últimos coletazos en The Expendables y Bruce Willis ve cada día más cerca su retirada del género, el británico sigue en lo más alto desde que debutara hace ya 13 años con la brillante Lock & Stock and Two Smoking Barrels de su compatriota Guy Ritchie. El actor de Snatch se deja la piel en cada proyecto y es un auténtico profesional ya sea trabajando para Michael Mann (Collateral) o a las órdenes de Uwe Boll (In the Name of the King: A Dungeon Siege Tale). Él, como sus misteriosos personajes herederos directos de El hombre sin nombre de Eastwood, no parece hacer distinciones entre un papel u otro y, si bien es cierto, eso puede jugar en su contra respecto a quedar encasillado, cuenta con un arma mortal de la que carece la nueva generación de nuestros días: carisma. Así, el actor menos dotado del film, se come a una leyenda viva como representa un desaprovechado De Niro y a un grande (aquí con un personaje cuya evolución se nota en la actuación) como Clive Owen. Mención especial para la escena en la que Statham aparece atado en una silla y lo que consigue hacer con ella. Es británico, Daniel Craig está ocupado rodando bodrio tras bodrio... ¿Un Bond imposible?
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