
El pasado 1 de diciembre de 2009, fallecía el actor madrileño Jacinto Molina a la edad de 75 años; un personaje muy conocido para los que, como yo, pertenecemos a la generación televisiva del UHF, tenemos más de 40 años y la existencia de un medio como Internet era, en aquellos tiempos, una ficción digna del mejor filme fantástico que pueda concebirse.
Jacinto Molina, conocido internacionalmente por su nombre artístico: Paul Naschy, fue uno de los precursores del cine español de esto que hoy conocemos como género fantástico y de terror, y que levantan tanta expectación entre los aficionados al cine cuando se atisba un estreno.
Pero en aquella época –años 70’s y principios de los 80- sólo existía la filmografía terrorífica de Hollywood y, en especial, las producciones emblemáticas de la Hammer. Hombres lobo, vampiros y Frankensteins poblaban las pantallas de los cines, en salas enormes con acomodador, armado con linterna y vestido de uniforme, o librea de gala, en las salas más “fisnas” de la capital; eran tiempos del programa doble, donde la peli buena era la segunda en proyectarse, tras un breve receso entre el primer filme –de relleno- y el principal. El cine era, sobretodo, para los domingos y se elevaba a acontecimiento principal del fin de semana, sin palomitas que sangrasen el bolsillo y magreos de última fila que amortizaban la entrada. Las de terror y las de fantasía, estas últimas en menor número, constituían el plato inhóspito de la cartelera, por su escasez, entre dramas, westerns, péplums y comedias ligeras, curtiendo toda una sólida y ávida generación de “freaks”, gérmen en potencia del fándom venidero, la cultura del cómic y los seguidores incondicionales de todo lo relacionado con el Terror y la Ciencia-Ficción, fueran libros, cómics o películas.
El mérito de este actor español, Paul Naschy -también director, guionista y productor de cine-, está fuera de toda duda. En un momento de la historia española donde todo era difícil, y “transitivo”, no es moco de pavo que un sujeto, construyera y asentara, partiendo de cero, las bases de una filmografía de terror nacional en pañales, coexistiendo con ese otro cine nacional “para todos los públicos”, plagado de historias de paletos, suecas y colonialismo USA, y en el contexto de un aislamiento político y social, muy marcado, del resto del mundo.

La vida de Paul Naschy es la de un hombre atípico, “egoísta” vital hecho a sí mismo, que alimentó la ilusión de vivir de aquello que más amaba: el cine de terror, lográndolo con creces y cruces antivampiro-. Envidiable, se mire como se quiera; sólo hace falta echarle un vistazo a su variopinto currículum y constatarlo, con sana envidia. Estudiante de Arquitectura en Barcelona, fue, entre otras cosas, diseñador de cubiertas para empresas discográficas, escritor de novelas del Oeste bajo pseudónimo, dibujante de cómic y siete veces campeón de España de Halterofilia. Esto último, y su aspecto fornido, le valdría para asegurarse su intervención como Extra en numerosas películas de Hollywood. De estos primeros trabajos, como actor “de relleno”, podemos mencionar títulos tan emblemáticos como Rey de Reyes (1961), 55 días en Pekín (1963) y El último gladiador (1964), y un papel más amplio en Agonizando en el crimen (1967).
Su bautismo como actor protagonista vendría con el filme de Enrique Eguiluz, La Marca del Hombre Lobo (1968); su prestigio internacional con la dirección de León Klimóvsky; y de ahí hasta ahora, un sin parar de más de 100 películas lo avalan, de alguna manera o de otra –delante y/o detrás de las cámaras-. Su último filme como intérprete, La herencia Valdemar, se estrena el próximo enero de 2010 en España.
Sólo elogios se me ocurren con respecto a este “rara avis” que durante bastante tiempo disfrutó de ser, junto con el insigne Fernando Rey, el único artista conocido fuera de nuestras fronteras. Artífice, desde sus inicios, del Festival de cine de Sitges, que apoyó de una u otra manera; multipremiado en los principales Festivales de género: mención por su aportación al género, en Sitges (1971), premio George-Méliès en el Festival de Ciencia-Ficción de París por su trabajo en El jorobado de la Morgue (1972), premio al conjunto de su carrera en el Festival de FantasPorto de Portugal (1980) y, por fin –más vale tarde que nunca- su reconocimiento oficial en España con la Medalla de oro al Mérito de Bellas Artes (2001).
Por si fuera poco, se va a la tumba (“licencia” a cuento que, estoy convencido, él me permitiría, entre socarrón y divertido) con dos biografías: “Memorias de un Hombre Lobo” (1997. Su personaje favorito) y la, aún recién salida de la imprenta, biografía-documento Paul Naschy. La máscara de Jacinto Molina; así como la novela gráfica escrita por él e ilustrada por javier Trujillo, ambas presentadas, apenas hace dos meses, en Sitges 2009.
No sé, que quereis que os diga; no hay nada que vender. Es lo que es. Me parece una figura inmensa del cine español, peculiar pero inmensa, y vital en el desarrollo ulterior de nuestro género de terror, tanto como protagonista como en calidad de inspiración de cualquiera que se precie en este mundillo, hasta hace pocas décadas tildado de marginal.

Es una lástima que las generaciones posteriores a la mía, desconozcan tanto de este “pequeño gran hombre” del cine español; los mismos que alucinan con Los Otros o El Orfanato, ignoran cuanto le debemos a este actor, y otras tantas cosas, que fue jorobado, vampiro, mayordomo siniestro, licántropo y no sé cuantos monstruos alucinantes más (de hecho, no llegó a hacer la versión española de Alien porque, seguramente, le dio pereza y no le convencían los efectos especiales digitales). Vaya, pues, para él, este pequeño homenaje de recuerdo…, y una gran ovación de orgullo y respeto de todos los aficionados que se congregan en Sitges cada año, o en cualquier otro lugar de similares tintas, aullando con los sustos que nos depara el miedo a lo sobrenatural en la gran pantalla (…es que somos así).
No te olvidaremos, Paul Naschy. Donde las balas de plata no pudieron contigo, un cáncer se te llevó a tu queridísima “ultratumba”. Sin duda, el primer y último licántropo que sintió auténtica pasión al interpretarlo.
Sorpresas que da la vida, cosas del cine,…ay, Dios…El “Boris Karloff” español nos ha dejado.
Aviso para navegantes: dentro de unos cuantos años, segurísimo “biopic” de este artista tan jugoso.
Os dejo, ahora, con unas cuantas perlas de videos, uno de entrevista y otro con resumen de filmografía, con la promesa de relataros la noticia de su última película: La Herencia Valdemar.
Promesa de luna llena.
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