
Siempre se consideró a Bruce Lee como el mejor luchador de artes marciales del mundo. En su faceta de artista marcial recibió muchos desafios de combate –reales- durante el corto periodo de su vida; fueran karatekas, practicantes de judo u otros artistas del kung-fu, salio invicto de todos ellos. Como actor popularizó el arte del Kung-Fu, del que derivó su propio arte marcial: el Jeet Kune Do –el camino del puño interceptor-. Todavía no ha surgido ningún otro artista marcial que pueda comparársele. Por esta razón, no es extraño que la única iniciativa de rodar un biopic sobre él, el proyecto de Rob Cohen –un firme rumor-, se base en la digitalización del actor, no sólo del rostro sino de su cuerpo entero, amparándose en la complicidad de las nuevas tecnologías que lo hacen posible.
Muchos se refieren a Bruce Lee como maestro del “Kung Fu” (o Wing Chun). Pero ésta es tan sólo una consideración formal –una definición común- de su excepcional habilidad, atribuida por el mundo occidental a partir de su vida, pensamiento y, sobretodo, de sus películas, donde lo popularizó.





