
Al fin el público conocerá la cinta que representará a España para los Oscars. Será el 2 de ferebro cuando sabremos si “El baile de la Victoria”, de Fernando Trueba, optará a la estatuilla como mejor película de habla no inglesa.
Mientras, aquellos que se acerquen al cine podrán ver una cinta irregular donde se mezcla el lirismo más mágico con el frío provocado por un metraje que de largo se hace vacío e innecesario. Es en esos momentos cuando echas de menos la maravillosa novela de Antonio Skármeta, quién tiene un pequeño papel en el film.
Me confieso enemiga de comparar lenguajes que no tienen nada que ver, como el audiovisual y el literario, por eso me avisa mi subconsciente cuando se le escapa un “es mejor la novela”. Lo único que pretendo decir con esto es que quizás no cumpla con todas las espectativas y que, si no lo hace, es porque hay escenas que sobran, que te sacan de la historia y en las que Trueba se arriesga a una dura crítica por mala dirección de actores. Menos es más, dicen por ahí, y es de buen maestro saber quedarse con lo mejor.

Ciento veintisiete minutos donde, también, encontramos momentos de pura poesía audivisual y reconocemos el genio de Trueba detrás de la cámara. Por ellos merece la pena ir a ver la película.Destacaremos al trío protagonista formado por Ricardo Darín, en la piel del famoso atracador Vergara Grey, y a unos jovenes Abel Ayala y Miranda Bodenhöfer quienes interpretan a Ángel Santiago y Vitoria. Cada uno con su drama vital situado en el inicio de la democracia en Chile.








