
El anuncio de las recientes nominaciones oficiales a los Premios Oscar 2010 ya empieza a dinamizar el mundo del espectáculo, y consiguiente negocio, que suele acompañarlas. El mundillo del cine se percibe inquieto, y todos desean salir en la foto. Unos aplauden esta u otra nominación, los otros critican o cuestionan los méritos de aquel filme o de esa interpretación de más allá. Los que no están, se exclaman por la injusticia y el supuesto trato discriminatorio de la crítica, y tal o cual jurado de determinado festival o academia de cinematografía nacional; los que sí, ensayan su mejor sonrisa de modestia, por aquello de que no se les note demasiado su particular estado de euforia y catarsis personal. Ellos valen eso..y más.
Aquí, en España, la cosa no ha acompañado demasiado bien las aspiraciones de nuestra industria en las nominaciones de los Oscar. Desgraciadamente, la, algo indigesta, propuesta de Trueba, y su ‘Baile de la Victoria’, nos ha sido devuelta con un réquiem por la derrota de su invisibilidad, abofeteando la opinión, que algunos denuncian de absoleta, de la Academia de Cine Español a la hora de designar su “elegido para la gloria”. Antes de eso, un enfadado Pedro Almodovar, despotricaba por lo que considera una conjura, puede que “judeomasónica”, de esta misma institución hacia él y su cine (por ese orden), aunque sus aspiraciones d’enfant terrible y valido del cine de autor se vieran frustradas, también, en los recientes premios de Cine Europeo, que consideró mejor opción La Cinta.. de Haneke, en su virtuoso ejercicio de “cahierismo” enlatado, para lo bueno y para lo malo, hasta que..





