
Palpitación, sudoración, aceleración del pulso, naúseas. Eso es el pánico.
El sofoco que provoca Antichrist bien valen unos instantes sentado en un banco conteniendo la respiración, pausada a poder ser, antes de que se vuelvan a agolpar en la mente como si fueran diapositivas las imágenes que hemos presenciado.
Las guiños en algunos aspectos hacia El resplandor del genial Stanley Kubrick no hacen mas que alimentar la tensión para alcanzar el clímax. Allá por el año 1980 él fue quien creó un personaje turbio abocado a la enajenación. En este caso, Lars Von Trier se basa en ese sufrimiento interior para crear otra abominación; El anticristo.







