La nueva película de Quentin Tarantino trata sobre un grupo que se hace llamar “Los Bastardos” que se dedica a eliminar nazis y una de sus aficiones preferidas es cortarles la cabellera. Ese es el argumento. Fácil, simple, bestial, propio de alguien que no está muy cuerdo, y por supuesto, genial.Tarantino ha conseguido lo que muy pocos directores: que su cine sea un género en sí mismo, hasta el punto de decir que algunas películas son “tarantinianas”. Eso, ya de por sí, te gusto o no el señor Quentin, es maravilloso y digno de alabar. Entre sus críticos (en los que noto cierta envidia por el revuelo que se monta con cada nueva película suya) están los que dicen que es un “plagiador inteligente”, es decir, coge ideas, fragmentos de aquí y de allá, los camufla de homenajes y los mezcla en una batidora y voilá, ya tiene su película. Yo, personalmente, creo que Tarantino es mucho más. Que tiene influencias es innegable, todos las tienen, que a veces hace guiños y homenajes a sus fans (a veces resulta hasta cansino en este aspecto) también, pero Quentin siempre le da un toque personal, siempre va un paso más allá





