
La película más ambiciosa del realizador belga Jaco van Dormael hasta la fecha es un desastre y un milagro, al mismo tiempo, de una gran densidad y, a veces, desconcertante argumento de ciencia-ficción en forma de parábola, y la historia de amor del enorme entusiasmo y notable verbo cinematográfico de su realizador, centrado en las historias reales y la fantasía del último hombre ‘mortal’ sobre la faz de la Tierra. Convence al final no tanto por sus fantasías distópicas sobre el mundo futuro que refleja, y que pueden despistar a más de uno, sino por la emocionante dramatización de las cuestiones esenciales de la vida: ¿Qué hubiera pasado si me hubiera decidido por aquel otro camino y no el que acabé tomando?. Preguntas que todos, al fin y al cabo, nos hacemos en algún momento de nuestra vida.
Nemo Nobody se está muriendo. Nobody está enamorado. Mr. Nobody está viejo y enfermo. Nemo Nobody es un chaval avispado, curioso y que rebosa vitalidad. Mr. Nobody es un tipo rico y famoso. Nemo Nobody es un vagabundo andrajoso de pelo alborotado durmiendo en un rincón del parque ¿Pero son ciertas algunas de estas cosas? ¿Hay algo que no sea verdad? Si nos negamos a elegir entre ellas, ¿pueden ser todas 'verdades' al mismo tiempo? Éste es el eje central del bellísimo, experimental e increíble viaje cinematográfico de Jaco van Dormael, Mr. Nobody.






