
Si tuviera que describir Ágora con una única palabra, esa sería pasión.
Si tuviera que hacer la crítica empleando una sola palabra, la encargada sería decepción.
Las intenciones de Alejandro Amenábar para con Ágora son grandiosas y su dedicación en estos últimos 4 años total. La película no se hace larga, tampoco pesada. El espectador tiene la certeza de que no ha visto un mal largometraje pero sin embargo conforme va saliendo de la sala se va olvidando de forma acelerada de la historia que le acaban de contar. La indiferencia se apodera, siendo esta un síntoma inequívoco de que algo falla en el engranaje.











