
Saw VII se nos presenta como el presunto último capítulo de una rituálica Saga que ha dejado huella en el cine de terror bajo el subgénero del 'torture porn'. Saga que naciera allá por el 2004 al servicio del consumidor y en el que fan y producto se han retroalimentado durante esta década. Y es que obviando exorcismos variopintos, festines zombies y románticos vampiros, Puzzle ha logrado convertirse en el icono de toda una generación. Tratándose de una irregular Saga, no sería justo apedrear a esta última por excesos o carencias de las que la mayoría de sus antecesoras adolecen: interpretaciones de cartón piedra, abuso de flashbacks explicativos, guiones como quesos gruyère...pero la expectativa que genera una guinda suele acabar rebosando.
Difícil tarea contentar a cada fan con sus puntos y comas, más aún con elementos tan agravantes como la sustitución a última hora de David Hackl por Kevin Greutert en la dirección, la fusión de los guiones de Saw VII y la futurible Saw VIII en una cuasimoda Saw 3D 'final', y los problemas a su vez de rodar y editar con otro tempo en pro de este efecto. Contra todo pronóstico el innecesario, rácano, pero concreto uso del 3D suma enteros a la cinta (valorándola como 3D obviamente). El exceso de gags tridimensionales sacaría de los pelos al más acérrimo para abocarlo al artificio más infantil.






