
Escribir sobre Terrence Malick es algo así como describir Terra incognita ya que es de los pocos cineastas que se resisten a conceder entrevistas; como una especie de J. D. Salinger del cine. Poca información pues de primera mano, en boca del propio director, que nos ayude a comprender mejor su forma de concebir y entender el cine, ni de referentes personales que afirmen su convicción. Sí conocemos, sucintamente, su recorrido vital antes de desembarcar en la realización cinematográfica: profesor de filosofía y de estética, de literatura inglesa y, ‘antes de’, periodista free lance en diferentes rotativos de prensa escrita, para finalmente empezar a experimentar con el lenguaje cinematográfico por medio del cortometraje. Experiencia en la que no se sintió cómodo, desacorde con su sentido del tempo narrativo, y lo decidió a dar el gran salto a la categoría príncipe de los formatos: el largometraje.








