
De “Stablishment”, Policías y Confidentes
Navega en aguas agitadas la nueva película del iconoclasta realizador Guy Ritchie. La bronca que ha levantado su revisión de Sherlock Holmes me aturde, pero también me interesa, como el chaval que era, leyendo con avidez hasta altas horas de la noche los procesos deductivos del inquilino del londinense 221B de Baker Street, evaluando la escena de un crimen. Los fetichistas de iconos “cinematográficos” reniegan del filme con verdadero fervor de creyente, entre pullas y chanzas, chasquidos de lengua y añoranzas del abrigo a cuadros; los puristas del Canon reclaman pulcritud y vierten acusaciones de detalles traicionados, de la altura física de Holmes y de la diferencia de edad con respecto a su inseparable compañero Watson, aquí demasiado viril y apolíneo, demasiado “amigos”, entre otras cosas; ah,…como no olvidar, también, a los sesudos estudiosos de la obra de Arthur Conan Doyle, que quemaron las pestañas en cada uno de los párrafos del Canon, en cada una de las líneas de estas cuatro novelas y 56 relatos que componen la biblia de Sherlock Holmes, el famoso Canon Holmesiano, para diseñar un perfil inamovible del hombre y el detective, ahora supuestamente amenazado por Ritchie, descubriendo el pastel.
Entre tanto, el grueso ejército de precríticos, críticos mercenarios y analistas “postmodernos” no pierde ocasión de arrimarse al coro del inaugurado vodevil, en pos de uno u otro argumento, de las diferentes facciones. Así se lanzan bulos, opiniones adjetivas y maldiciones sustantivas, que a veces, tengo la impresión, poco o nada nuevo tienen que decir, y mucho menos que ver -cuando de ver se trata- con una película.








