
Antes, cuando los directores de superproducciones épicas, como Cecil B. DeMille, empleaban un reparto de miles de extras y las tomas, fueran buenas o no, costaban una buena suma de dólares americanos, las “majors” se inquietaban, obviamente, por el coste de la hora del desayuno. En los tiempos que corren, las películas épicas tienen más probabilidades de proceder de países donde sus ciudadanos están acostumbrados a la disciplina y a recibir órdenes.
Hace un par de años, la ex Unión Soviética nos dio Mongol, su réplica a la épica cinta Hero, de Zhang Yimou. Ahora los chinos responden, en una suerte de reescalada armamentística, con Red Cliff (Acantilado Rojo), la película más cara de la historia de este país.






