No creo que el ego de Tom Cruise le permitiese estar mucho más sin tener un éxito de taquilla, algo que no ocurría precisamente desde que estrenó la tercera entrega de Misión Imposible, por eso mismo no es de extrañar que a sus casi cincuenta años haya decidido volver a ponerse en plena forma (aunque la edad hace mella y da bastante grimilla verle sin camiseta) para volver a encarnar al espía Ethan Hunt, protagonista de una saga que hasta la fecha ya ha recaudado 1.400 millones de dólares. Siguiendo la estela de la tercera entrega dirigida por J.J. Abrams (que aquí ejerce también en funciones de productor), Cruise le da el testigo a un Brad Bird que hasta ahora sólo había dirigido (excelentes) productos de animación y que como hiciera su antecesor deja la visión personal de De Palma y Woo para centrarse únicamente en el despojado entretenimiento del que ya gozaba la tercera entrega. Pese a ser la primera cinta de “carne y hueso” que realiza Bird, lo cierto es que el realizador ya conocía muy bien el ritmo y la espectacularidad que debe tener una cinta de acción, dos elementos que no faltan en esta entrega al igual que no lo hacía en Los Increíbles, aún así también es cierto que en ocasiones se acelera demasiado con la cámara con algunos giros rápidos y demasiado bruscos que pueden llegar a ser tan mareantes como los del peor Michael Bay.







